VISHNU. EL PRESERVADOR DEL ORDEN CÓSMICO



VISHNU: EL DIOS QUE INTENTA CONSERVAR EL MUNDO

Viajé dos veces a la India.En uno de aquellos viajes crucé prácticamente todo el norte del país, desde la frontera con Pakistán hasta Calcuta, encadenando trenes interminables y viendo cómo el paisaje, las ciudades y las personas cambiaban ante mis ojos.Recuerdo especialmente la sensación de viajar desde el paraíso de los Himalayas hasta el infierno de Calcuta.No utilizo estas palabras como una descripción religiosa, sino como el recuerdo de dos mundos que, para mí, parecían estar en los extremos de la experiencia humana.En el norte había conocido el silencio de las montañas, los templos, el aire frío y una sensación de inmensidad difícil de explicar. Después, los trenes fueron descendiendo lentamente hacia las grandes llanuras de la India.Y finalmente llegué a Calcuta.El calor. La humedad. El ruido. Los cuerpos. La pobreza. La vida desbordándose por todas partes.Nunca había visto nada parecido.Y, sin embargo, durante todo aquel viaje había algo que aparecía una y otra vez.Los dioses.

Estaban en los templos, en las casas, en pequeños altares junto a las carreteras. Pintados en las paredes. Colgados en los trenes. En los mercados. En los salpicaderos de los coches.Brahma, Vishnu, Shiva, Krishna, Rama, Ganesha, Kali…Cuando empecé a acercarme al hinduismo, una de las cosas que más me costó comprender fue precisamente aquella aparente multitud de dioses.Desde nuestra mirada occidental resulta tentador imaginar un enorme panteón de divinidades independientes.Pero cuanto más viajaba por la India y más intentaba comprender sus símbolos, más evidente se hacía que las cosas eran bastante más complejas.Quizá mi error era intentar comprender la India con una forma de pensar demasiado occidental.Nosotros tendemos a separar.Un dios es un dios. Una persona es una persona. Una cosa es una cosa.Pero el hinduismo parecía decirme constantemente algo diferente:lo múltiple puede ser también una manifestación de lo Uno.Y una de las ideas que me ayudó a comenzar a entender aquel inmenso universo de dioses fue la Trimurti.

Vishnu

KRISHNA: DE LAS PASTORAS DE VRINDAVAN AL BHAGAVAD GITA

Estas dos pinturas sobre seda las compré en Jaipur durante uno de mis viajes por la India.En ambas aparece Krishna rodeado de mujeres en medio de una naturaleza exuberante. Durante años las he conservado sin detenerme demasiado en la enorme historia que se escondía detrás de aquellas escenas.Para comprenderlas hay que volver a Vishnu.Como vimos antes, Vishnu es el gran preservador del orden del mundo. Pero cuando ese orden se rompe, no permanece contemplándolo desde la distancia. Desciende al mundo adoptando diferentes formas.

 

Son sus avatares.Y uno de los más importantes es Krishna.Pocas figuras religiosas han llegado a tener tantas vidas dentro de una misma tradición.Krishna es niño, adolescente, amante, héroe, consejero y maestro espiritual.De niño es el pequeño dios travieso que roba mantequilla, juega y desconcierta a quienes le rodean. Es una imagen extraordinariamente popular todavía hoy en la India. Krishna niño aparece en casas y templos y es tratado con una intimidad que, desde nuestra tradición occidental, puede resultar sorprendente: se le viste, se le alimenta y se le cuida casi como a un miembro de la familia.Después Krishna crece.Y llegamos precisamente al Krishna de mis pinturas de seda de Jaipur.El joven Krishna vive entre los pastores de Vrindavan y aparece rodeado de las gopīs, las jóvenes pastoras fascinadas por él. Krishna toca la flauta y ellas abandonan sus tareas para seguir el sonido.Bailan con él.Lo buscan.Lo desean.Pero estas escenas no terminaron siendo entendidas simplemente como historias amorosas.Con el desarrollo de la tradición bhakti, el amor de las gopīs por Krishna se convirtió en una de las grandes metáforas espirituales de la India.Krishna es lo divino. Las gopīs son el alma humana.Y la flauta es la llamada.El alma escucha algo que no sabe explicar y abandona momentáneamente el mundo cotidiano para buscar aquello que siente que le falta.Quizá por eso estas escenas siguen teniendo tanta fuerza en la India moderna. Krishna no es únicamente una figura de antiguos textos religiosos. Está presente en los templos, en las casas, en la música, en el cine, en las celebraciones y en movimientos devocionales que han llevado su nombre mucho más allá de la India.Pero Krishna todavía sufrirá una última transformación.El joven que toca la flauta y baila con las gopīs reaparece años después en uno de los mayores relatos épicos de la humanidad: 

 

RAMA: EL AVATAR DEL DEBER

Pero Vishnu no solo desciende al mundo como Krishna.

Otro de sus grandes avatares es Rama, protagonista del Ramayana, una de las epopeyas fundamentales de la India.

Si Krishna representa el juego, el amor y luego la sabiduría del Bhagavad Gita, Rama encarna otra dimensión de lo divino: el deber, la rectitud y la fidelidad al orden moral.

Rama es el príncipe justo. El hijo obediente. El esposo que busca a Sita. El guerrero que debe enfrentarse al demonio Ravana para restaurar el equilibrio perdido.

Y junto a Rama aparece una de las figuras más queridas del hinduismo: Hanuman.

HANUMAN: LA FUERZA DE LA DEVOCIÓN

Hanuman es el dios mono, pero reducirlo a eso sería no entender su importancia.

En el Ramayana, Hanuman pone su fuerza, su inteligencia y su valentía al servicio de Rama. Cruza el océano, encuentra a Sita, incendia Lanka y participa en la derrota de Ravana.

Pero lo más importante de Hanuman no es su poder.

Es su devoción absoluta.

Hanuman representa la fuerza que nace cuando uno deja de actuar solo para sí mismo y se entrega a algo más grande.

Por eso mi estatua de Hanuman me parece una pieza tan especial dentro del museo: no habla solo de fuerza física, sino de fidelidad, servicio y amor devocional.

Después de Krishna, el dios que ama y enseña, Hanuman nos muestra otro camino espiritual: la fuerza puesta al servicio del amor.

'Museo de las religiones'
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